Mmmm....¿había explicado en la anterior entrada lo poco constante que soy? Quizás es algo que debería destacar en mí. Es algo que puede resultar divertido, pero es algo cansino cuando te gusta terminar las cosas. Ahora mismo, además de terminar la carrera, me hallo en una misión muy importante: encontrar un hobbie que ocupe mi escaso tiempo libre y me ayude a despejarme de ciertas cosas. Pues bien, los intentos han sido varios:
1) Montarme un acuario: tras frustrar varios intentos de aclimatar el agua, lo dejé con unas plantitas muy monas. Una de ellas dejó de ser tan mona para convertirse en una especie de monstruo ocupa-acuarios. Creció de manera tan desmedida, que al final me daba miedo de que me abrazase mientras dormía. Así que el acuario paso a ser un objeto de adorno más de mi habitación. Vacío es mucho más...seguro.
2) Patinar; esta es una historia que viene de lejos. Para mí fue uno de esos deportes frustrados de la niñez (como la gimnasia rítmica o la natación sincronizada...vamos, sueños de niña) En realidad, nunca se me ha dado mal, si no tenemos en cuenta que a los 11 años me rompí el radio y fisuré el cúbito realizando este maravilloso deporte ¬¬ Aún así, dado que escarmentar fácilmente tampoco es una de mis virtudes, hace unos tres años me compré unos patines de linea. Viendo que a mi hermano se le daba tan bien y sólo se luxó unas cuantas veces el hombro (hasta que lo operaron), no veía impedimento alguno para que mis pies se convirtiesen en ruedas.